Llegué a Madrid hace tres años y me sentía sola. Quizás tenía apoyo, pero no sabía cómo identificarlo o pedirlo. Pedir ayuda no era una habilidad que había desarrollado y, de hecho, me llenaba de orgullo poder hacer las cosas "sola". Ahora, tres años más tarde, puedo decir con mucho amor y orgullo que tengo una red de familia y amigos que constantemente me recuerdan que no me quieren por lo que les puedo dar, sino porque me quieren ver bien.
Y eso ha hecho toda la diferencia.
¿Todavía dudo cuando alguien me ayuda sin pedir nada a cambio? De vez en cuando, sí. Pero ahora la voz que me recuerda que existe el amor genuino es mucho más clara.
Con el tiempo también he aprendido que ser independiente no significa tener que hacerlo todo sola. Que puedo ser una persona ambiciosa y capaz de construir la vida que quiero, y aun así necesitar que alguien me eche una mano de vez en cuando. El apoyo existe de maneras que no implica dinero físico, también es cuando un amigo de invita a comer o deja que te quedes en su hogar. Creo que cuando estamos tan enfocadas en construir nuestra propia vida, especialmente cuando nos mudamos a otro país o empezamos de cero, podemos llegar a pensar que todo depende de nosotras. Hay veces que nos da bochorno admitir que no puedes hacer algo aunque quisieras, pedir ayuda no es fácil pero que bonito cuando tienes personas que te la dan sin verte como menos. Y quizás por eso nos cuesta tanto reconocer, pedir o incluso aceptar ayuda.
A veces nos enfocamos tanto en llegar a donde queremos estar que olvidamos que la vida también está pasando mientras tanto. Que hay personas que quizás no contribuyeron directamente a nuestros logros, quizás no te escribieron los ensayos en la universidad pero si te escucharon cuando estabas a punto de rendirte e hicieron que el camino fuera un poquito más llevadero. Personas que nos dieron un espacio, nos escucharon, nos acompañaron o simplemente nos recordaron que no todo tiene que ser una lucha.
También creo que hay algo bonito en mirar hacia atrás y darte cuenta de que no llegaste hasta aquí completamente sola. Que detrás de muchas de las cosas que hoy celebras hubo pequeños gestos, conversaciones y personas que estuvieron ahí cuando todavía estabas intentando resolverlo todo. Así que, mientras sigues trabajando tus metas, viajando, mudándote, emprendiendo o construyendo la vida que quieres, no te olvides de la gente que estuvo ahí. No porque les debas algo, sino porque también es bonito reconocer el amor que hemos recibido en el camino. Al final, cuando miras hacia atrás, no solamente quieres recordar todo lo que conseguiste.
Y quizás parte de construir la vida que quieres también sea aprender a dejarte querer mientras lo haces. También es bonito darte cuenta que tu también puedes ser esa persona para alguien.